sábado, 14 de marzo de 2009

La mismísima nada


Hace poco, algo le pasó a mi televisor que no me permitía ver ni los canales de aire ni los de cable. No le presté mucha atención ya que no veo más que películas, deportes o alguna que otra cosa que pueda interesarme o distraerme. Tan poco me importó que para cuando me di cuenta, ya hacía un mes y medio de que no veía tele... claro, cuando finalmente decidí arreglarlo noté el porqué de mi indiferencia. Yo no sé si es un plan macabro de algún villano de historieta que pretende idiotizar al país, o si simplemente los productores ejecutivos decidieron no gastar nunca más un peso en su vida; pero cuando volví a prender mi televisión luego de un largo período sin ella, me encontré con la mismísima nada. Sentí que me estaban tomando el pelo, que lo que estaba viendo era imposible que en verdad estuviera pasando... los programas deportivos se parecen cada día más a charlas entre amigos en un asado, los de espectáculos se dedican pura y exclusivamente a generar peleas estúpidas entre putitas que no sé ni quienes son ni qué hacen ahí. Los noticieros consisten en mandar a un tarado mental a preguntarle a una madre cuyo hijo acaba de ser cruelmente masacrado: "Señora, ¿qué siente?" (parecería que no importase lo que el periodista pregunte, sino qué periodista o qué emisora llegó primero... me corrijo, no parecería, ya es evidente). Y claro, después están los colmos: Gran Hermano, por ejemplo, nos convence de que meter en una casa a veinte retardados mentales es una cosa impresionante, y hasta hay gente que se queda mirando qué es lo que hace un fulano en una casa hasta la madrugada. Realmente me indigna hasta dónde se puede explotar la estupidez de la gente. El verdadero negocio en los realities es que una vez que tienen al "ganador" de Gran Hermano, éste aparece en todas las tapas de revistas, programas de televisión, etc. Claro, adivinen quien cobra más por ser portada de Paparazzi... ¿Ricardo Darín, Diego Peretti, Nancy Dupláa... o el ganador de un reality show?. Pero la gente idiotizada, caída en la mediocridad y en la chateza, se prende horas y horas frente a su TV observando detenidamente si Juancito le toca la teta a Matilde o si Carlitos se prepara un sánguche de miga triple o doble.
Y esta moda de masticar excremento es fuerte. Mientras que muchos jóvenes talentosos, que sueñan con convertirse en Jorge Luis Borges o en Ernesto Sábato se rompen el alma estudiando letras y escribiendo lo que surge de sus almas, las editoriales nos deleitan con el libro de poesías de Belén Francese o el de la vida según Cumbio, una chica de 16 años que tiene un fotolog...
La moda flogger. Oh, la moda flogger... alguien en el mundo del espectáculo se enfermó de manera terminal y fue reemplazado por un idiota o por un vivo que dijo: "Sigamos gastando poco y haciendo rating mediante convencer a la gente que tragar diarrea está buenísimo". No encuentro otra explicación para ver todos los días en la tele largas entrevistas a chicos que están ahí por el simple hecho de tener un fotolog y peinarse raro, o en que las novelas ya no son novelas, sino remakes baratos de sitcoms norteamericanas en los que suelen resumirse 10 años de exitosas temporadas en un año y medio de cáncer de próstata.
¿Cómo se sale de ésto? Realmente estamos invadidos por esta gigantezca bola de excremento mediático por donde se lo mire, ya no se puede confiar ni en los críticos de cine, que últimamente aportan lo mismo que podría aportar un chico de 14 años que vaya al cine a comer pochoclo; y ni hablar de los idiotas que van a las butacas a hacer política, y nos quieren hacer creer que todas las producciones hollywoodenses son horribles, y una película iraní en la que la originalidad del guión gira en torno al machismo oriental mientras que el sonido se desfasa de la paupérrima imágen merece claramente un 10. Yo quiero ir al cine a divertirme, pasarla bien y a veces hasta a reflexionar, pero no a ver una toma de hora y media de un camello caminando en la arena... o sí, pero no por ser morocho le vamos a dar un 10 y por ser gringo un 2 (lo cual yo denomino 'racismo a la inversa'). Las cosas como son.
Lamentablemente creo que no hay vuelta atras en todo esto. Lo que queda es esperar a que la moda de comer mierda se termine, a que los jóvenes empiecen de una vez por todas a pensar y a que nuestra sociedad comience a ser un poquito más exigente consigo misma y con quienes están por encima de nosotros.

jueves, 12 de marzo de 2009

El cuento de los buenos y los malos


Creo que yo dejé de creer en el viejo cuento de los buenos y los malos cuando terminé la primaria, cuando los dibujitos animados dejaron de interesarme y regalé todos mis juguetes a los chicos necesitados. Lo curioso es que hoy siento que vivo en una parte del mundo en donde muchos parecen continuar en la primaria, jugando con sus juguetes y leyendo sus historietas de héroes y villanos en las que los estadounidenses son los malos y los latinos somos los buenos. El imperio, los nazis, y todas esas definiciones que hace parecer a quienes las utilizan que jamás han tocado un libro de historia, una enciclopedia, un diccionario, algo. Hasta he llegado a escuchar que "toda la sociedad 'yanqui', toda su gente, todo el pueblo es una mierda". Pero qué declaraciones tan fuertes, ¿no?. Jugamos a ser los buenos de la película, los luchadores por los derechos de los más débiles y nos oponemos a la "opresión fascista" del "imperio". Ahora yo hago un pequeño recorrido por los libros de historia y me encuentro con Martin Luther King, Abraham Lincoln, Rosa Parks y varios más, hombres y mujeres que han luchado por la igualdad de razas o la abolición de la esclavitud, y adivinen qué nacionalidad tenían ellos... vaya fascismo. Igualmente mis preferidos son aquellos cerebros lavados que sostienen que los estadounidenses se hacen llamar "americanos" para sentirse dueños del continente... lo más tragicómico de este asunto de ignorancia perversa es que cuando se los llama "americanos" es precisamente por una falla en ciertas traducciones, es decir, una falla de los traductores de habla hispana. Paso a explicar, el nombre del país del norte es "United States of America", nombre que ellos resumen diciendo "America" y nosotros lo hacemos diciendo "Estados Unidos", ya que en el idioma anglosajón los nombres se acortan utilizando la(s) última(s) palabra(s) mientras que en el nuestro se lo hace con la(s) primera(s). Con respecto al continente, "The Americas" es como se les dice en la lengua inglesa (y muchas veces en español también... Las Américas), esto más allá de que una potencia mundial no necesita "sentirse dueña" de un continente.
También están esos horrorizados con la guerra en Irak, como si nosotros no hubiéramos mandado a una matanza a chicos de 18 años en Malvinas, o como si en nuestro país no tuviéramos problemas como asesinos drogadictos menores de edad. Cierto, Bush ha hecho las cosas muy mal... ¿y por eso vamos a odiar con nuestras víceras a todo un pueblo? Con ese criterio nadie debería ofenderse cuando de afuera dicen que los argentinos somos todos ladrones.
Nunca falta el ignorante desmemoriado que sostiene fervientemente que "Bush fue reelecto por el pueblo estadounidense", digo ignorante porque claramente desconoce el método de sufragio estadounidense, que no es ni parecido al nuestro; y digo desmemoriado porque parece no recordar que Carlos Menem fue también reelecto en nuestro país, así como Kirchner de manera un tanto más indirecta.
Mi punto es que hay gente fantástica y gente repudiable en todos lados, en América, en Europa, en Oceanía, África, Asia... en todas partes. He tenido la oportunidad de trabajar con gente de diferentes partes del mundo, conocer sus pensamientos, sus ideologías y hasta he formado amistades de las que estoy orgulloso. Gobiernos repugnantes habrá siempre y en donde sea, quizás deberíamos hacer un análisis un tanto más profundo del nuestro, en lugar de mirar hacia afuera, ¿no?.
Todos somos seres humanos, todos tenemos defectos y virtudes, todos cometemos errores. Lo de los buenos y los malos dejémoslo para la fantasía; para el mundo real utilicemos nuestra espectacular capacidad de razonamiento, que es lo que diferencia al hombre y a la mujer del resto de los animales.